Investigaciones educativas, formación y práctica docente
Aportes para el desarrollo profesional
Durante casi dos siglos las escuelas normales han formado maestros en América Latina, han dejado su
huella, transitando desde el liberalismo a una emancipación en ciernes. En términos formales, desde el
nivel de la educación secundaria a la educación superior. En este presente las escuelas normales en México
son todas parte de la Educación Superior, al igual que en todos los países de la región. Sin embargo, la
escuela normal ha dejado de ser en América Latina la institución predominante y ha sido desplazada por
los institutos de formación docente o por las universidades. Sólo en México la escuela normal sigue siendo
una institución fuerte, que concentra la matrícula de la formación inicial. Sin embargo, queda pendiente
la cuestión acerca de qué maestros estamos hablando y desde dónde y para qué queremos formarlos.
Cuando visitamos una escuela normal, cuando vemos a estudiantes ensimismados en sus celulares y
con poco deseo de saber de sí y de los otros, que están y no están en la escuela, nos preguntamos acerca
de cómo crear condiciones para que nuestros estudiantes de hoy, nuestros futuros maestros, se
comprometan con lo público, con lo común y simultáneamente con lo diverso, con procesos educativos
más acá y más allá de la escuela, con el aprendizaje a lo largo de la vida, con la idea de que nacemos y
comenzamos de nuevo en cada instante, con la justicia social y la igualdad, respetando y potenciando las
diferencias, con una manera de ser maestro como el sujeto dispuesto al servicio y al amor al otro, a
cualquier otro, sin ningún tipo de discriminación ni retaceo. Aún más: como impulsamos, por ejemplo, el
regreso a Montessori, con su aprendizaje desde la experiencia y la sensibilidad; y a Freire, que propugna
la problematización, la del maestro que hace de sí un problema y se pregunta por el mundo y por su lugar
en él, centrado más en la pregunta que en la respuesta.