Señorita Mares
¿qué hizo bien María Mares, como maestra y directora de escuela, para formar a tantas personas exitosas que pueda replicarse en la actualidad? ¿Qué estrategias implementadas por ella puedo reproducir en mi aula con el ánimo de obtener resultados similares, es decir, que mis estudiantes también sean ilustres y exitosos?
Intuí que una biografía no sería suficiente y entonces, apareció una respuesta metodológica que se usa con mucha frecuencia en el programa de la Maestría en Educación Básica de la Universidad Pedagógica Nacional (que es el postgrado que estudié y en el que también soy docente) y que parte de un libro titulado Transformando la práctica docente: una propuesta desde la Investigación Acción de Cecilia Fierro, Bertha Fortoul y Lesvia Rosas.
Estas investigadoras proponen el análisis de la práctica profesional docente a partir de la revisión y la reflexión desde seis dimensiones que, en su conjunto y articulación, ayudan a entender las características específicas del actuar de los docentes, para llegar a un texto conclusivo al que nombran «Relación pedagógica», permitiendo la resignificación y la mejora de la práctica.
La dimensión personal reconoce, ante todo, que los docentes, antes de ser profesionales, son personas con una historia propia.
La dimensión institucional parte del principio de que la práctica docente ocurre en el marco de la escuela.
La dimensión interpersonal pone en evidencia que la educación es un fenómeno social en el que existen relaciones personales en varios niveles.
La dimensión social enmarca el contexto geográfico, histórico y político en el que se vive la historia propia de la práctica profesional.
La dimensión valoral implica reconocer que las acciones docentes están marcadas por una estructura moral en la que el educador, con intención o sin ella, comparte con sus alumnos una visión del mundo aquilatando actos, palabras y perspectivas, mientras que menosprecia otros.
La relación pedagógica, último de los apartados propuestos por Fierro, Fortoul y Rosas, es el espacio en el que todas las dimensiones se vuelven a articular, en las que se jerarquizan las reflexiones más relevantes y se concluye otorgando a la práctica adjetivos que la caracterizan y de los cuales existen evidencias y referencias de ellos a lo largo de las dimensiones.
De esta manera es posible no sólo detectar las prácticas que fueron exitosas en la carrera de María Mares, sino que también permite situar esas acciones en un contexto histórico, político, curricular, teórico e institucional que ayuda a entender sus acciones y decisiones. Intentar reproducir sus prácticas sin estas referencias conduciría invariablemente al fracaso y la frustración; en cambio, discernir en torno a las adaptaciones que es factible realizar, podría dar una esperanza de éxito mayor y de que, al cabo de una generación, nuevos autlenses ocupen espacios de reconocimiento nacional.