Caleidoscopio
La diversidad europea, Estados Unidos y América Latina
El texto que el lector tiene en sus manos es otra mirada, en parte desde América Latina, a una Europa que no es “una” ni —menos aún— monolítica, sino diversa. Aquí se desmontan los estereotipos sobre el cartesianismo, el dogmatismo —atribuido en bloque al sovietismo— y otros clichés libertarios que no son ajenos a los estudios decoloniales ni a la reivindicación del llamado Sur global. No hay un eurocentrismo propiamente dicho en el siglo XX, que es más bien el del paso —analizado aquí a través de las migraciones de talentos científicos— al americanocentrismo, para detrimento y sangría de lo que se conoce como Viejo Continente.
Como se muestra largamente, el declive relativo de Europa es también el triunfo malhadado de Martin Heidegger, de la sicilianización del mundo —como la llama Leonardo Sciascia— y del desconocimiento mayúsculo sobre el Este europeo y los debates internos en Rusia y la Unión Soviética, lo que se refleja hasta la actualidad. La crítica al eurocentrismo, salvo excepciones, es también el reflejo de la pugna entre Estados Unidos y Francia por la concepción de la universalidad y lo que implica de civilizatorio o no. Atrás quedan otros estereotipos, como el del capitalismo intrínsecamente colonizador o la “barbarie” del sovietismo. Hasta la segunda posguerra, algunos latinoamericanos que recogemos aquí vieron otra Europa e incluso anticiparon sus derivas. Escucharlos no está de más.