El imperio del poder sin límites
Cuando Raúl Padilla López llegó a la rectoría de la Universidad de Guadalajara en abril de 1989 simplemente demostró que él ya había acomodado sus piezas y tenía el control del dinero en la institución, que ya era él quien mandaba. Pero además tenía las alianzas suficientes en la clase política jalisciense para que fuera reconocido no sólo como el dirigente formal sino el líder del Grupo UdeG. Y aún más, tenía muchos años alimentando las buenas relaciones con intelectuales y artistas de todo el país e incluso del extranjero, a través de iniciativas como la Feria Internacional del Libro (FIL), el Festival de Cine y otras.
Tuvo una férrea resistencia de algunos de sus antiguos compañeros concentrados mayoritariamente en la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) pero poco a poco, a lo largo de los primeros 3 años de su rectorado consolidó su poder total. A partir de ese momento nada prácticamente se hacía sin su consentimiento en la universidad. A partir de allí incursionó en todos los partidos políticos. Acrecentó el número de negocios a la sombra de la institución con la fachada de proyectos culturales y eliminó de manera absoluta toda disidencia.
Hubo en el trayecto algunos contratiempos que trascendieron a la opinión pública y que se convirtieron en tema de conversación durante semanas o meses y luego volvía a gobernar con absoluta libertad todo el imperio udegeísta.
Pero por primera vez tuvo un susto de grandes proporciones cuando su viejo amigo Carlos Briseño Torres, nombrado ya rector, declaró su independencia y quitó a Raúl Padilla de todos sus cargos oficiales.
Luego vino el gran desastre de su alejamiento de López Obrador y su apuesta por la candidatura de Anaya en el Partido Acción Nacional (PAN). Empezaron a difundirse con insistencia las noticias de próximas revisiones a las finanzas de la universidad y las apuestas de analistas y voceros de distintos grupos que señalaban que el líder del Grupo UdeG tenía el tiempo contado en su carrera política.
Nadie imaginó que el desenlace vendría por la propia mano del jefe del imperio quien se vio en el espejo aquejado de varias enfermedades que cruzaban ya irreversiblemente su camino. A su muerte quedó intacto el Grupo que él mismo consolidó después de varias décadas de afanes personales aunque ahora campea una pregunta por todos lados: ¿cuáles serán los límites para su nueva existencia? Es seguro que los herederos no tienen por lo pronto a un personaje como Padilla para gobernar como él lo hizo.