Migrar y pertenecer
Abordajes a la migración mezquitalense contemporánea
Desde finales del siglo pasado el fenómeno migratorio internacional comenzó a ocupar un lugar protagónico en la reconfiguración de la vida social, económica y cultural del Valle del Mezquital. A partir de entonces, dentro de los elementos que otorgan homogeneidad relativa a esta región situada en el occidente del estado de Hidalgo; hay que agregar el de la migración. No existe comunidad mezquitalense, por pequeña que sea, que no esté cruzada por la migración hacia los Estados Unidos y, probablemente, no exista familia del Valle que no tenga un pariente próximo “al otro lado”. El Valle del Mezquital se ha hecho transnacional.
Tal vez esta descripción pueda ser la de otras muchas regiones del centro y sur de México que se sumaron masivamente a los flujos migratorios desde la década final del siglo XX. Más particularmente, tal vez sea la descripción para el conjunto de regiones indígenas y campesinas que palearon la debacle de la agricultura y las múltiples crisis de la economía nacional de la vuelta de siglo, gracias a la sangría constante de parte de su población que se ha marchado en búsqueda de algún futuro posible. Al fin y al cabo, la migración mexicana hacia los Estados Unidos ha tenido desde aquellos años un rostro fundamentalmente rural, campesino e indígena. Para el caso del Valle del Mezquital, ese rostro ha sido el del pueblo otomí o hñahñu.
Este libro, el primero en reunir en un solo volumen a investigadoras e investigadores que estudian la migración en el Valle del Mezquital, busca actualizar las discusiones sobre la movilidad internacional de personas, familias y comunidades indígenas de la región. Desde diversos enfoques, los estudios aquí presentados exploran cómo la migración masiva, lejos de desintegrar la vida social, cultural, política y económica de las comunidades, ha funcionado como un factor revitalizante. Las personas del Mezquital se han visto frente al desafío de redefinir, negociar y disputar sus formas de pertenencia a las comunidades. Migrar y pertenecer da cuenta de ese desafío, de las maneras de enfrentarlo y de los aprendizajes colectivos configurados a lo largo de tres décadas de migración intensa.