Una perra llamada Nervios
Estela, de 18 años, y Cecilio, de 10, son dos hermanos huérfanos que viven solos pero la tía Toya, taxista de oficio y hermana de la mamá, vive a una cuadra desde donde puede visitarlos, llevarles comida y cuidarlos. Cierto día, regresando de la escuela, a Estela se le pega una perra y se queda con ellos. Ese nuevo miembro de la familia fue bautizado como Nervios. Era azul como las tortillas; peluda como los cocos; enmarañada como las pelusas; espinosa como los chayotes; barbuda y bigotona como palmera vieja; flaca como varilla; cabezona como botarga y áspera como fibra para lavar los trastes. Esta perra adulta, desastrosa, ladradora, nerviosa se unió a una familia que también tenía una que otra herida, algunas obsesiones y comportamientos raros, como ella. Entre todos formarán una manada que aprenderá a sortear las dificultades de la vida.