Unamuno, el energúmeno español
Y así las cosas, mientras que los krausistas, primero, y Ortega y sus discípulos, en su relevo, se germanizaron o se “europeizaron” hasta sucumbir ellos mismos, víctimas del éxito de su alteración, al general desprecio por “lo nuestro”, Unamuno, que no había abrazado lo moderno y europeo sino en la medida en que lo creía compatible con el cristianismo bien, o mejor entendido que en nuestra propia tradición, se dio cuenta muy a tiempo —acaso, en parte, por ver esa caricatura suya que el joven Ortega y su cohorte de entusiastas liberales o “europeos” le ponían delante— de que eso no era justamente así.
Y como veremos corrigió entonces el rumbo que, como liberal comprometido nada menos que con toda una kulturkampf española, llevaba con intelectual, cívica y hasta religiosa determinación, pero en agónica lucha con las tradiciones vivas de su pueblo, y ante todo consigo mismo, con sus propias entrañas de cristiano católico, y de español.