¿Que nosotros no tenemos filosofía?
Dicen, los de los imperios filosóficos dominantes, y también los de sus sucursales identitarias de aquí, de allá y de acullá, que nosotros no tenemos ni historia ni filosofía. Y el hecho de que nosotros mismos hayamos interiorizado, y sobre todo institucionalizado esa visión no es para nada gratuito: "No es lo que nosotros pensamos de ustedes lo que importa —asevera, en la película Mademoiselle Fifi (USA, 1944), el despectivo y bárbaro invasor norteño—, sino lo que esperamos que ustedes piensen de ustedes mismos". Se impone el detenernos a analizar todo eso que se dice, o se nos hace decir sobre nosotros mismos, y que se suele asumir, incluso para en apariencia refutarlo, así sin más; sin siquiera detenerse a explicitar, y a interrogar sus más elementales supuestos. Y es contra todo eso que movilizamos nuestra propuesta de hacer, desde la viva e interpeladora experiencia de la exclusión, no la tramposa, o la estupefaciente “filosofía” esa identitaria —en nuestro caso la “latinoamericanista”— que ya nos viene diseñada de antemano y que, en ademán de combatirla, confirma y hasta esencializa nuestra exclusión, sino una realmente liberadora filosofía del arrabal.