La ternura de las aves cuando mueren
Alrededor de esta cuerpa-poemaria vamos a edificar una fortaleza en cuyo tapete de entrada dirá: bienvenida al incendio. Nadie ingresará sin cubrebocas a su lectura. Nadie dulcificará su rabia ni incomprenderá su amor. Nadie tocará sin guantes a esta voz desangrada que nos zarandea la comodidad por donde quiere, cuando quiere, si es que quiere. Nadie saldrá de este libro de una pieza, porque el espectáculo de la vidamuerte se televisa en fabuloso tecnicolor y estamos aquí, en primera fila, para no saber qué hacer con tanto. | Alejandra Eme Vázquez