Marina
Hay un asunto aciago cuando se escribe la palabra mar y, luego, la palabra naufragio. Hay un cuestionamiento interno, poderoso, cuando nos acercamos a la orilla de los temas fundacionales para indagar la memoria, la propia existencia. Hay una manera para comprender la oscuridad: abriendo bien los ojos. Pero también cerrarlos para luego respirar, es una forma de entender lo que provoca miedo, angustia, lo que a veces o nunca deseamos. ¿De qué se trata escribir sobre el dolor? ¿Por qué la escritura participa efectivamente como genuino catalizador? ¿Acaso sublimar para recuperar lo que nunca o poco se ha tenido? De espíritu y recuerdo está hecha la luz de los peces abisales. La escafandra del tiempo permanece. Monstruos marinos habitan en la profundidad de ese océano propio que es la mente. Una vez que se decide entrar a esas aguas habrá que remar, bucear, nadar. No hay tiempo que perder. Ir hasta el fondo. Alcanzar con la punta de los dedos el recuerdo de sí, dentro de la placenta, líquido amniótico. Origen. Mórula. Gestación. Ciclos íntimos los del cuerpo femenino. Ciclos que se repiten, que rizoman. Y mientras todo ello pasa, la madre, la hija, la nieta, como continuum dialectal: variedades lingüísticas, extensas, con cambios graduales.
Este poemario dividido en cuatro partes da cuenta de circunstancias, ciclos, emociones y reflexiones que sin piedad, exploran y muestran realidades complejas tan centrales como todo aquello propio a la condición humana. Pero también en Marina, la voz de la poeta emerge. Respira.
Amaranta Caballero Prado