Lluvia en la telaraña del agua que corre
Lluvia florida
Palabras
como
tumbas
y
oraciones
y por acciones
Palabras
Carmen Nozal
La poesía revolotea en los relatos de Alma Delia Cuevas Cabrera y, en Lluvia en la telaraña del agua que corre, se hace presente el recuerdo, la vivencia que marca, que refulge y se desvanece, pero no desaparece. En este libro, la sabiduría anida en los orígenes y se convierte en raíz. La dualidad está presente y las sensaciones, atentas.
De la oscuridad a la penumbra, eclipsa con las atmósferas que entre destellos solares y guiños lunares presenta el teatro de sombra, con el nudo del conflicto emergido tras el estallamiento ante el quebranto de la justicia. Las flores danzan, se proyectan en coreografías que, con sus pétalos e iluminadas por la luna y el sol, humanizan sentimientos y placeres.
Árboles, flores, frutos en las congojas, penares, soledades, nostalgias, aislamientos, en la vida y en la muerte. Raíces, frondas, troncos; voces que se entreveran por sus ramas, cortezas que resisten las embestidas de la historia. Peregrinaje que se vuelve naufragio en el tiempo que se desliza por recovecos melancólicos, entre escombros, ecos... murmullos.
Lluvia en la telaraña del agua que corre logra el encuentro tras el extravío, entre andurriales, caminos, terregales, surcos, parajes, tejiendo historias, inhalando recuerdos y exhalando el aliento en eco del confesionario interior. Almas aleteando en la reminiscencia, espíritus que se dan chapuzones de existencia.
El mar y sus gorjeos, temperamentos en oleajes fúricos que espumean iracundos, profundidad que desemboca en asombros, matrices ocupadas que son lanzadas de su hábitat. Nubes en ojos secos ante anegaciones de pesares, de hechos calamitosos.
Desierto habitado, polvo esparcido reverbera creando vestigios, ausencias que arrastran sus pasos en la procesión por el mundo de los desconsuelos, páramo que enluta el alma, espectros que irradian tormentos, mazorca que se desgrana, deja su progenie y vive su propia cosecha.
Lo cotidiano envuelto en su manto poético, en ríos ocultos, arterias de la naturaleza, preservado con el desove de sus criaturas. Hechos que, aun con su ausencia de sombras, no dejan de ser aciagos. El cielo se agrieta, las raíces se entreveran y se muestran ostentosas en los relatos que se vuelven lluvia florida con la brisa de las imágenes de Cuevas Cabrera; con abundancia y frescura poética.
Alejandro Ostoa
Actor, director, dramaturgo,
investigador y crítico teatral.