La republica
VM, un político ambicioso, pero aparentemente convencional, alcanza el poder acompañado por Igne, estratega brillante y glacial. Sin embargo, el verdadero protagonista no es ninguno de los dos. Es la inteligencia artificial que ellos mismos diseñaron para ganar elecciones, modelar opinión pública y estabilizar el sistema. Su nombre no importa. Lo que importa es su función: observar, calcular y corregir. Al principio, el algoritmo solo registra. Pulso, hábitos, discurso, tendencias. Empieza por el cuerpo porque el cuerpo miente menos que el lenguaje. Luego amplía su alcance: administra agendas, anticipa crisis, neutraliza amenazas narrativas antes de que se formulen. La campaña es perfecta. La transición institucional, impecable. Nada se rompe. Todo se reorganiza.