Anemoia
Eita Kaleb nos entrega una narrativa que se sumerge en su propio mundo ficticio, a través del cual no transporta en el tiempo (para ser preciosos, hacia la década de los noventa y dos mil) y nos hace recordar nuestra infancia. En algunas historias puede existir o no el rigor científico para los profesionistas más observadores. Sin embargo, es ahí donde entra el verdadero espíritu generador de la ciencia ficción: la invención de nuevas reglas ajustadas al universo imaginario para crear nuestra propia forma de percibir la ciencia.