Hazme reir, hazme llorar
“En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible”, dice Albert Camus en Retorno a Tipasa. “En medio del llanto encontré una sonrisa invencible”, responde Francisco Córdova al escribir Házme reír, házme llorar.
Porque no existe alegría sin dolor. Los extremos se contienen, sus fuerzas opuestas reconcilian el alma humana. Esa es la filosofía de Francesco, el personaje entrañable con en el que Córdova hace homenaje a su propio padre. Un hombre que, no siendo el protagonista, da profundidad y armonía a la historia de dos jóvenes destinados a unirse a través de su arte.
Sofía, su nieta, es la belleza: una bailarina que desborda alegría y convierte los escenarios en una celebración. Steve, en cambio, lleva la pasión en las venas, su guitarra llora y el mundo se estremece. Ella cree en la risa como la manifestación más luminosa del amor; él, en la profundidad del dolor y la belleza de las emociones que conmueven hasta las lágrimas.
Unidos por la música y la actuación, deciden emprender un viaje para cumplir un sueño común, que transformará para siempre su manera de entender la vida.
Con las plazas más bellas de Italia como escenario, Hazme reír, hazme llorar nos habla de la familia, la pérdida y las relaciones humanas: de las diferencias que nos permiten reconocernos en el otro y nos enseñan que amar no significa elegir sino aprender a caminar con nuestras diferencias.