Llegar al sin ahí
Desde el título, este libro señala que habla desde un espacio indeterminado. El lugar de enunciación es incierto, pero desde allí se establece el decir posible. Esta forma de habla hace de la reticencia uno de sus recursos decisivos, se sustrae de la prosa del ahora, se retrae del ruido-tiempo para dar el tiempo-silencio y se vuelve lateral para ser una historia al margen de la Historia. Incluso la palabra, al pensarse palabra, decide la negación de sí, su no lugar. Desde este límite, el yo lírico asume la pérdida de su habla, incluso la pérdida de sí y, al asumirla, genera un espacio de otredad: una forma de ser en el mundo desde el no ser, desde el no estar, desde el no decir. En este sentido, el poema es concebido como una escritura que se niega a decir, que dice no, pues sólo así dice (y dice no a la necrofilia del mundo). En su negación radica su apertura hacia la vivacidad.