Falso profeta
En Falso Profeta, Gabriel Espinoza deconstruye elementos de su pasado. Voltea la mirada hacia la retrospectiva para construir una serie de historias que cumplen con la premisa fundamental de la crónica: cifrar lo universal en lo específico y permitir que el lector viva experiencias reales con las que se sentirá identificado. Falso profeta es, además, una posición política: no ceder ante la esclavitud del trabajo y la modernidad líquida; una risa crítica ante la contemporaneidad robótica en donde pasamos más tiempo en lo virtual que en el mundo físico. La concentración es una virtud que se profesa poco.”
Desde su óptica, una suerte de periodismo de inmersión, nos adentramos en las grandes naves industriales que pertenecen a una de las trasnacionales que más impacto ha tenido en el mundo: Amazon. Es inmersión porque habita el espacio como un infiltrado y, de vez en vez, toca la máscara: “En mis momentos de mayor estrés, el síndrome del impostor me visita, a través de sueños nítidos cual profecías. Me confirma mis sospechas que decido no creer durante los primeros meses en mi nuevo trabajo”.