Semillas de justicia
En estas pequeñas estampas creadas no con la ligereza del acróbata sino con la elasticidad del contorsionista, su autor se da el lujo de contar la misma historia desde distintas posturas y posiciones que solo un verdadero versado en el arte del contorsionismo logra alcanzar. Así, en lugar de limitarse a un argumento (una accidentada fiesta infantil, por ejemplo, en donde una iguana protagoniza un inusual rito de iniciación), Luis Enrique Cuéllar busca ir más allá y explorar, en el espacio reducido y a veces mínimo del microrrelato, todas las posibilidades del movimiento y la fantasía que la imaginación puede brindarle.