El café que no tomé
Viendo en retrospectiva, el tiempo que pasé en el rancho, no fue tiempo perdido, al contrario. Aprendí mucho de la gente humilde del campo, que a pesar de carecer de lo necesario y trabajar, no sólo de sol a sol, sino más allá; porque comienzan a trabajar desde la madrugada y terminan en la noche. A pesar de ello, es gente muy generosa, le ofrecen a una lo que tienen. Le roban a una el corazón. Aprendí a utilizar todo lo que nos brinda la madre tierra, a conocer la naturaleza. Aprendí también el trabajo rudo del campo, que me ha servido mucho a lo largo de mi vida.