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ISBN 978-607-29-8887-3

La magia de la ciencia
La ciencia no es más que la búsqueda de la magia que ya sucede dentro de nosotros.

Autor:Vázquez Flores, Tix-chel
Editorial:Vázquez Flores, Tix-chel
Materia:Vida intelectual
Público objetivo:General
Publicado:2026-05-11
Número de edición:1
Número de páginas:90
Tamaño:25x35cm.
Precio:$350
Encuadernación:Tapa dura o cartoné
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Las brujas curaban, las mujeres científicas también; las brujas eran señaladas por una sociedad que las hacía menos por el simple hecho de ser mujeres, las científicas también. Muchas brujas se sacrificaron para que otras brujas pudieran brillar más adelante en un mundo más amigable, muchas científicas también. Algunas brujas eran verdaderas heroínas, algunas científicas también. Si hay quienes creen en la reencarnación, en mi otra vida fui bruja, pero en esta fui científica; lo cual, para mí, es prácticamente lo mismo, sólo cambian los escenarios y el contexto. Así que estas páginas son sobre magia, ciencia, brujería, investigación y creencia; pero sobre todo, en el poder infinito que cada individuo tiene.


Históricamente se ha creído que la ciencia y el misticismo son posturas antagónicas; que mientras una defiende sus teorías con pruebas palpables, el otro no es más que una serie de sesgos, creencias e ideas poco objetivas. Lo cual, no es ni remotamente cierto; porque también históricamente, las brujas, esas mujeres que ubicamos volando sobre una escoba haciendo “maldades”, sabían de herbolaria, de medicina, de ciclos lunares, de anatomía; que entendían la función de los elementos, que honraban al fuego a la par que los respetaban, que sabían de biología y de muchas cosas más.


Bueno, pues este libro es la historia de una mujer que encontró la forma de reconciliar la ciencia con el misticismo; que logró que ambas posturas dejaran de defenderse frente a la otra para unirlas por un bien común. Es más: para unirlas por el bien común.

Esa mujer no es bruja, o al menos no cómo la idea preconcebida de ellas: con sombreros altos, batas negras y botas puntiagudas. No nació en medio de una tribu celta, ni creció rodeada de vikingos. Al menos no en esta vida (seguramente en otras así fue, pero eso es motivo de otros relatos).


Esa mujer sabe cosas; a veces crea hechizos tremendos mirando el microscopio, o hace enormes descubrimientos tirando el tarot.

Es una mujer de ciencia. Es una mujer que cree en la magia. Es una mujer que ha tenido el gran valor de enfrentar los retos y las trampas de la vida. Sin miedo, de frente, agarrando el toro por los cuernos.


Nació en agosto de 1978 en Acapulco, Guerrero; y la bautizaron como Tix-chel.

No siempre me llevo bien con ella aunque procuro que nuestra relación sea la mejor que tengo en la vida; antes que con mis padres, o mi pareja o incluso con mi hijo. Llevarme bien con Tix-chel es mi principal propósito de vida (aunque no el único); y cada día que me levanto es pensando en honrarla y respetarla. Creo que soy quien mejor la conoce y eso me ha tomado tiempo; ha requerido de paciencia, de sortear caminos pedregosos; pero también momentos muy luminosos, muy mágicos, muy divertidos.

Es mi mayor reto y mi más grande satisfacción. Y estas líneas son para honrarla a ella, a su linaje, a quienes ama y a quienes la aman; pero sobre todo, para mostrarle al mundo que la fortaleza, la disciplina, la valentía, el valor y el amor, están siempre disponibles para quien quiera hacer uso de ellos.

Tix-chel ama a los animales con locura, en especial a los cocodrilos (y eso que uno, una vez casi le arranca el brazo); y se ha dedicado la gran parte de su vida a su reproducción, cuidado y evolución. A veces lo hacía con temor, siempre con respeto y sobre todo, con pasión. Si alguna certeza tiene en esta vida es que así como la magia y la ciencia son producto de historias cruzadas, la vida misma también lo es: cada historia es el resultado de otra historia que se cruzó, al menos por un instante en su camino.

Ah, por último, ¿Sabes por qué estoy contando la vida de esa bióloga alocada, mal hablada y divertida?, ¿sabes por qué la conozco mejor que nadie? Pequeño detalle: porque Tix-chel soy yo. Y ésta es mi historia.


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