El tango en México y México en el tango
La letrística del tango mexicano
Entre la investigación erudita y la reflexión personal, Miguel García nos ofrece un viaje apasionante y poco transitado por las letras del tango en México. Un siglo (o un poco más) donde es posible comprobar cómo el sentir del tango argentino deja su impronta en un México que —entre boleros y rancheras— se enlaza a un Enrique Santos Discépolo o a un Homero Manzi.
De esta manera, México continúa cantando su instinto de muerte y su lamento de amor. Este tango nace y se queda como un poema que rima un dolor negado a mudarse en cicatriz. Quizá porque ante el dolor y la miseria humana, la creación suele ser más fructífera.
La mujer ingrata, las promesas rotas, el hombre que sufre y no vuelve más, lo imposible, incluso la denuncia social, son algunos de los temas de estas composiciones. Temas que García analiza, acompañado de la biografía de los compositores y de su contexto histórico.
Y es que un tango se escribe, pero hay un mundo a la par de él que también se escribe.
García no sólo cuestiona, explora el papel del tango en nuestro país y qué tanto hemos contribuido a su pervivencia. Desde esa mirada, crítica y entusiasta, vienen a escena distintos nombres, desde los conocidos Agustín Lara y Francisco Gabilondo Soler, hasta nombres como Alfonso Esparza Oteo y José Francisco Elizondo, entre otros. Destacan algunas mujeres; pocas, pero las hay: Carmen Baena Solís, María Grever y la joven Bereiz.
La calidad de “El tango en México y México en el tango” marca entonces su pertinencia: es la prosa que surge de raíz. Porque Miguel García escribe desde lo íntimo, desde la evocación a la casa natal, desde la investigación comprometida. Porque Miguel García hace con su cuerpo —ya sea con la pluma, ya sea con el baile, ya sea con el alma— la expresión de alguien que ama.
Maritza M. Buendía