Visceral
Jimena Mejía en "Visceral" quiebra su alma y deja todos sus pedazos en la página. Sus versos se convierten en un eco de esa herida familiar que nunca termina de cerrar, esa que supura en silencio, aunque pasen los años, aunque la vida continúe. Con una honestidad brutal, Mejía revisita su infancia con la fuerza de un tren que irrumpe sin pedir permiso, trayendo de vuelta memorias que todavía duelen, voces que no se han apagado, escenas que resisten el olvido.
Evoca las botellas siempre vacías entre canciones, amigos y madrugadas, y exorciza sus inseguridades. Mejía convierte el lenguaje en un espejo íntimo, donde lo personal se vuelve universal y deja ver una obra que no solo se lee, sino que se siente.
Leer "Visceral" es asomarse al vértigo de lo humano, con sus contradicciones, su vulnerabilidad y su urgencia de nombrar lo que duele.