Rotos están los días
Con temáticas originales y personajes que se balancean entre la ternura y el espanto, Agustín Martínez construye un mundo donde lo extraordinario se incrusta en la vida cotidiana. No hay en estos cuentos moralejas reconfortantes, hay en cambio una mirada lúcida y feroz a los rituales que sostienen (o fracturan) nuestra sociedad.
Aquí, el horror es íntimo, estructural, inevitable.