Material de Lectura
Max Aub
La diversidad de géneros que Max Aub practicó ha llevado a la crítica a discusiones infinitas, no pocas veces fascinantes y otras también bizantinas, sobre cuál es su mejor o más característica faceta. Su poesía es la parte más secreta lo que equivale a la más ignorada y es la que aquí proponemos al lector, ya que en cierta manera puede ser una nueva puerta para todo el conjunto de su obra. Y es que la poesía es el reino subrayado del yo en donde la distancia entre el autor y el texto suele ser más difícil de establecer. Ese “género del yo” él lo transforma en género del otro de manera gradual y a través de la progresión de su constante trabajo como escritor, invirtiendo en cierta manera el precepto de Rimbaud: otro es yo. Esto responde en cierta manera a su condición de exiliado, refugiado, desarraigado en México, donde la escritura le da la oportunidad tanto de la pertenencia como del arraigo. La práctica de la poesía en la obra de Aub es particularmente llamativa, no sólo porque es la más escasa en una obra proteica, sino porque el propio autor con humor señalaba sus pocas facultades para el género. Si bien podemos tomar esto literalmente también es cierto que hay algo de máscara. Más bien el asunto es que lo escaso de la poesía (en verso) en el contexto y su obra se complica porque entre Diario de Delfa y la Antología traducida pasan muchos años y se sitúa en clave radicalmente diferente, al principio una poesía testimonial y personal, en el segundo una poesía sin yo (o un yo trasferido), hiperliteraria que, sin embargo, no hay que homologar a las bromas literarias de sus falsas autobiografías. Son en cierta manera dos poetas, el del yo y el del nosotros.