MéxicoMéxico
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ISBN 978-607-581-965-5

Luisa Huertas
Tómalo como quieras

Autor:Fiesco Trejo, Roberto
Editorial:Universidad de Guadalajara
Materia:Biografía Personas en las artes y en recreación
Público objetivo:General
Publicado:2026-04-08
Número de edición:1
Número de páginas:196
Tamaño:20x26cm.
Precio:$1.000
Encuadernación:Tapa dura o cartoné
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Hay actrices que interpretan personajes. Y hay otras –muy pocas– que parecen atravesar la historia desde dentro, como si cada papel fuera una forma de pensar el mundo. Luisa Huertas pertenece, sin duda, a esta estirpe.
Quienes la conocen la llaman “la maestra”. No es un título honorífico: es una forma de situarla. Durante más de medio siglo ha habitado los escenarios con una mezcla poco frecuente de rigor, intuición y conciencia crítica. Su trabajo no busca deslumbrar, sino revelar. Y en esa revelación –a veces sutil, a veces feroz– se ha construido una de las trayectorias más sólidas de la escena mexicana.
Nació en El Salvador, en una familia atravesada por el exilio y la cultura. Su infancia estuvo marcada por la ópera, por juegos escénicos improvisados y por una imaginación que encontraba en la voz y el cuerpo sus primeros territorios de exploración. A los ocho años, después de bailar para su padre lo que había presentado en televisión, lo dijo con una claridad que no admite matices: quería ser actriz.
Esa decisión encontró cauce en la Escuela de Arte Teatral del INBA y, más tarde, en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM. En 1968, mientras aún era estudiante, vivió de cerca el movimiento estudiantil, marchó, organizó brigadas, recorrió hospitales y acompañó a una generación que descubrió –en medio de la represión– que el arte no podía permanecer al margen de la realidad. Desde entonces, su trabajo ha estado atravesado por una convicción profunda: la actuación como espacio de conciencia.
El cine llegó más tarde y, durante años, en los márgenes. Directores como Carlos González Morantes, Arturo Ripstein o Carlos Carrera encontraron en ella una actriz capaz de dotar de densidad a personajes que, en otras manos, habrían pasado desapercibidos. Su Ariel por Mentiras piadosas, en 1989, fue el reconocimiento de algo que ya era evidente: una inteligencia interpretativa poco común.
Décadas después, No nos moverán, la ópera prima de Pierre Saint Martin, le dio un lugar central en la pantalla. Su Socorro –una mujer marcada por la memoria del 68– no solo es un personaje: es una síntesis. En ella convergen la actriz, la testigo y la mujer que ha hecho de su oficio una forma de resistencia.
Paralela a su trayectoria como actriz, su labor docente ha sido decisiva. Durante más de cuarenta años ha formado actores en diversas instituciones, pero su apuesta más radical ha sido la creación del Centro de Estudios para el Uso de la Voz (CEUVOZ), un espacio que no solo enseña técnica, sino que piensa la voz como instrumento ético y político. Por sus aulas han pasado cientos de intérpretes que reconocen en ella a una verdadera guía.
Porque si algo distingue a Luisa Huertas es esa manera de entender la actuación como un ejercicio de responsabilidad. No hay en su trabajo concesiones a la vanidad ni al artificio. Hay, en cambio, una búsqueda constante por habitar al otro sin traicionarlo, por decir desde el escenario o en el set lo que a veces no puede decirse de otro modo.
En un medio donde la visibilidad suele confundirse con la relevancia, Luisa Huertas ha construido lo contrario: una obra profunda, discreta y persistente. Una obra que no necesita estridencias para permanecer.
Y que, como toda trayectoria verdadera, sigue en movimiento.

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