Cartas a Grecia
Este libro es una quimera entre epistolario y cancionero, es regresar a los juglares y permitir que Sam nos cuente de su amada en una narrativa que se canta pero a su vez se palpa en tinta, es recordar a los trovadores que ponen acordes a emociones que no pueden nacer de otro lado que no sea este corazón retórico; Sam tiene claro su objetivo y tiene claro lo que el amor hace en su ser, en sus partes medulares, entre sus líneas nos regala la intimidad de las enseñanzas de su abuelo y el cómo eso se transpola al amor. En este ajedrez llamado vida no importa quien gane sino el vértigo antes de mover las piezas y más que nada, disfrutar el juego, disfrutar el camino.
Consuelo Nieto Ortega