Anaxuntani
Tras la pista de la estatua Uruapan
Hace ya muchísimos años Dante me dijo en Sevilla que él era de Uruapan. Su biografía, sin embargo, dice que nació en Jilotlán de los Dolores. Le planté cara, como soy yo, como he sido siempre: “Aclárame, para que me entere: ¿cómo es que naciste en Jilotlán y eres de Uruapan?”. Y me contestó como él ha sido siempre: “Es sencillo, nací en Jilotlán, pero soy de Uruapan”. ¡Quién entiende a los mejicanos! Ni la Virgen de la Estatua.
Y, para que se me quitara, agregó: “Uno puede morirse sin ver Sevilla, nadie puede morirse sin conocer Uruapan”. Me contuve las ganas de darle una hostia, porque su novela es inventiva, pícara, juguetona, divertida, fresca, alegre, nostálgica y cómica, y porque me encantan los misterios, los enigmas, las intrigas, lo cosmopolita y lo exótico,
Dolores Álvarez