La aurora 1887
La Aurora no se escribió de golpe ni con mapa, es una historia que fue formándose como un caldo antiguo: con paciencia, con lo que había a mano, con silencios entre los ingredientes. Nunca quise narrar una hazaña. Solo quería hablar de aquello que se va sin hacer ruido: las mujeres que cocinan para sus muertos, los hombres que se rompen sin decirlo, los niños que escuchan a los espíritus sin asustarse. Esta es una historia para quienes, a veces, hablan solos porque alguien del otro lado del tiempo los escucha.
No escribí para explicar. Escribí para no olvidar lo que no viví, pero me habita. La Aurora está hecha de memorias prestadas, de aromas de infancia, de palabras que oí al calor del fogón. Y también, de silencios que nunca me dejaron en paz.