Cerezo de montaña
Desde hace ocho años Andrés Camacho vive en el archipiélago japonés y desde hace cuatro se mudó a las montañas de Higashiyoshino en la prefectura de Nara. Ahí, entre bosques y caminos estrechos, afinó una forma de atención: observar sin prisa, escuchar antes de nombrar. Desde un territorio unido estrechamente a su gente, con la curiosidad y el sigilo de un habitante de la montaña, escribe estas crónicas, nacidas de la convivencia diaria, de las conversaciones con los vecinos, de los rituales que marcan un tiempo propio y resisten a la homogeneización que exige la maquinaria turística y los tiempos impuestos por el capital. Poco a poco, las páginas de este libro se van poblando de voces conocidas y cercanas, de sus sintaxis y pausas: conocer un lugar es detenerse a escuchar alrededor del fuego, unirse a la comunidad.