Renacimiento
María Félix cierra su autobiografía desde una posición de balance y afirmación final: el relato se concentra en la madurez, el repliegue selectivo de la vida pública y la defensa consciente del mito construido, con recuerdos de viajes, amistades influyentes y apariciones calculadas que confirman su voluntad de no convertirse en reliquia ni en figura complaciente; lejos de la nostalgia, este tomo insiste en la idea de soberanía personal -sobre el cuerpo, la memoria y la fama- y propone una despedida sin arrepentimientos, donde la actriz reafirma que cada una de sus “guerras” fue una elección y que el silencio, al final, también puede ser una forma de poder.