Lengua escrita y movilidad humana: prácticas situadas de lectura y escritura desde la alteridad
La automediación lingüística y movilidad en las fronteras simbólicas del español académico en la cotidianidad universitaria es parte del análisis de este libro que aborda cómo estudiantes indígenas enfrentan la hegemonía del español académico en espacios universitarios mediante estrategias de "autoregulación lingüística", este y otros conceptos introducen los autores para abordar planteamientos y problemas de lingüística contemporánea para describir las operaciones reflexivas con las que los hablantes ajustan, dosifican o reconfiguran su repertorio verbal y escrito, anticipando sanciones y buscando reconocimiento en un entorno donde el español normado funciona como régimen de legitimidad.
El estudio se apoya en un corpus cualitativo compuesto por testimonios, entrevistas y observaciones en la Universidad Autónoma de Guerrero, con referencia comparativa a investigaciones previas en Chiapas. Desde una perspectiva decolonial, se argumenta que el español estándar reactiva dispositivos de colonialidad del saber mediante mecanismos cotidianos de vigilancia lingüística —evaluación, corrección, rúbricas, citación— que generan inseguridad, autocensura y silenciamiento.
Los análisis y enfoques se organizan en tres rutas enriquecedoras:
1. Movilidades lingüísticas y corporalidades desplazadas, donde el cuerpo hablante transporta repertorios y administra su visibilidad.
2. Vigilancia lingüística y control de flujos, en la que el español académico opera como filtro de reconocimiento y permanencia.
3. Topologías y metáforas del habla (puente, frontera, filtro), que modelan la experiencia del tránsito lingüístico.
Se concluye que la automediación es simultáneamente **estrategia de movilidad y síntoma estructural**: abre posibilidades de inserción académica, pero también desplaza la voz hacia el “aprendizaje del silencio”, afectando la transmisión intergeneracional de lenguas originarias. El texto propone comprender estas prácticas no como déficits individuales, sino como respuestas estructurales a desigualdades epistémicas y lingüísticas persistentes en la universidad pública mexicana.