Museo
Las visitas al museo dejan de ser ordinarias cuando las imágenes de las pinturas lóbregas que observas amenazan con salirse de los cuadros, o con arrastrarte hacia ellos. Miguel Lupián lo sabe y, a modo de guía, nos invita (no sin antes advertir sobre los riesgos y la naturaleza propia de su obra-recinto) a realizar este recorrido, donde cada minificción ha sido situada para provocar admiración lo mismo que espanto.
El autor comparte sus manías y también crea nuevas fascinaciones a partir de motivos ya existentes. De los estantes emergen gnomos, súcubos, brujas, adivinos, regalos siniestros, plantas fálicas, dioses eclipsados y autómatas. Así mismo, descubriremos objetos reales y otros extraídos de las imaginaciones más insólitas; para varios visitantes, Museo se convertirá en una guía de literatura, cine y otras artes, pues las exposiciones están repletas de referencias y tributos a las obras que alimentan el imaginario de Lupián, siendo Emiliano González su influencia más recurrente, de quien además consigue extender su universo.