Pseudo pez
Isak Dinesen, escritora danesa, dejó escrito: “La cura para todo es agua salada: sudor, lágrimas o el mar.” Patricia Rodda, actriz y poeta cubana, escribe en su segundo poemario: pseudo pez: “Este libro aspira a ser un ensayo sobre lo que siente un pez fuera del agua. Sobre miedos de sal y amores de arena, que se deshacen en el instante del viento. También podría tratarse del canto de una sirena atrapada. Me considero un pez que se quedó varado y no se reconoce en ninguna orilla.”. Ambas voces bañadas por el agua salada y el sodio, el magnesio y el yodo… saben bien que el mar es un dios que las mujeres veneramos; saben también que el agua de mar eleva el nivel del umbral del dolor. Salvaje y en movimiento, queda la certeza de que del mar venimos y al mar iremos, curtidos por las sales minerales que estos poemas exudan.
Patricia Rodda nos arrastra hacia una arquitectura poética que se mimetiza con la mar/el mar desde la desnudez del cuerpo y sus orillas. Ya en su primer libro: Desnuda en proscenio (2022) Rodda dibuja personajes en constante búsqueda de libertad y ruptura flotando como islas dominantes, rodeados por la circunstancia del agua por todas partes. En este libro hay una mujer con alas que es un pez, en su esencia definitiva y, lleva en sus entrañas un mar es¬carpado y sagrado que es destino y relato. Una mujer que no teme alcanzar altas profundida¬des. Versos ingeniosos que alcanzan la superficie. Imágenes que perforan la retina desde un fondo cristalino. Y la sal, la sal gruesa y dolorida de estos poemas que dialogan fluidamente con los dibujos de Zaida del Río, con los cantos de fe para Yemayá y los orishas, con los corales que sostienen el andamiaje de las palabras escritas desde la voluntad íntima y los certeros argumentos; desde el deseo y el abismo.