Bucráneos
El bucráneo del título, la cabeza bovina pelada a la intemperie y esculpida en el friso del templo, del palacio, del sarcófago, es más que exvoto o símbolo sacrificial. Es señal melancólica del final de las glorias de la vida: el vigor seminal, la fuerza, la presteza. Y cumple, como espejo del humano declive, el mismo efecto tranquilizador que la calavera de Yorick en el alma de Hamlet. Poemas para ser vistos antes de ser bebidos, con sus formas de antiguos vasos griegos, de contenido altamente inconcreto, abstracto, lejos de los sentidos, como si el poeta pusiera distancia, pero eficaces en la comprensión, entre sí y el mundo. En tiempo fugado, desleídos en pompas, nombres, afanes, al fin y al cabo exfuturos.