Perder el juicio
Lisa Kovalski, argentina de cuarenta y siete años, madre de mellizos de cinco, vive en La Charité-sur-Loire, al sur de París, con su marido. Una noche lo adormece con pastillas, coge a sus dos hijos y huye en coche. Está harta. Harta de su marido y de sus suegros. Harta de las veladas y en ocasiones explícitas actitudes antisemitas de estos. Harta de que su esposo lo tolere y además no muestre ningún interés por su empeño de ser artista. Harta de la vida vacía que ha llevado estos últimos años. Harta de todo.
Lisa se convierte en una madre secuestradora y fugitiva. Tras la huida se produce alguna llamada, algún contacto, algún intento de reconciliación, de vuelta al orden. Pero nada la disuade, no está dispuesta a cambiar su decisión. Continúa con su fuga, la Interpol emite una orden de búsqueda, ella regresa a Buenos Aires, a la casa de su infancia, y sigue escapando. Se ha convertido en una mujer desquiciada, peligrosa, una fugitiva de todos y de sí misma.