En esta esquina
Gustavo Ramírez Piñón es un retratista y ha hecho un retrato chido de toda una colonia: la Gertrudis Sánchez. En estos tiempos se le dice colonia, pero cuando sientes que todos pertenecen a lo mismo eso es un barrio, y hay que entender la diferencia. Cada cuento es una radiografía del contenido humano del barrio.
Cuando comencé a leer "En esta esquina" sentí que Gustavo y yo habíamos crecido en el mismo barrio, con algunos años de diferencia. Pero no, yo no crecí en la Sánchez, como él le dice, pero a pesar de eso tengo la sensación de que conocí al Tamal y a los tres más odiados. Que conocí a Inés Cruz, al Mi Niño, a Encarnación y a Leonor, al Ángelo y a toda la banda, pero con otros nombres y seguro otras fachas.
Las intimidades de estos personajes huelen y suenan a asfalto y realidad; una realidad que conocemos y que va acompañada de una banda sonora que definitivamente suena a rock mexicano, a Guacarock diría yo. Cualquiera que haya crecido en un barrio del DF lo ha vivido, lo ha sentido. Se le agradece a Ramírez Piñón el recordarnos de lo humano, del erotismo y el sexo, del dolor, del alcohol que sirve para tapar heridas y del coraje para ganar apuestas y partidos callejeros. Me sorprende que, pese al desorden exterior, siempre hay alguien que encuentra la forma de construir un espacio con materiales de desecho. Siempre hay alguien que se va y tarde o temprano regresa, con el cordón umbilical amarrado al
código postal.
Sergio Arau