Bronce líquido
Bronce líquido es un libro escrito con certidumbres y aciertos, donde interesa el amor de a devis, no el idealizado. No hay el encanto de la miel que suena a falso sino “la mengambrea perfecta”. No es, Bronce líquido, un alarde poético del amor juvenil que se entrega porque hay mucha inexperiencia y tiempo que perder, sino el amor que ha conocido otros amores y no se cuece al primer beso, cansado ya de quimeras y de la masacre lacrimosa del desamor. Bronce líquido se resuelve desde las enseñanzas que el amor nos ha dejado, con fórmulas de honestidad como “déjense de ridiculeces/ y de una vez/ digan qué desea la una/ del otro/ y viceversa”; así como con ese pasado que estorba, pero del que nos prendemos con prolongada tortura: “Se me hizo costumbre amar a los fantasmas”. Es un amor que sabe lo que quiere, porque el tiempo acomoda los anhelos y los quebrantos.