Entraron sin permiso
Una niña obligada a cuidar a su abuela que, seguramente, es una bruja; un escultor moldea a su mujer en arcilla mientras ésta se debate entre la vida y la muerte; dos hombres conectados a través de la radio; la comunicación virtual de una pareja durante el confinamiento; un viejo que juega al solitario como si con los naipes ordenara su vida: éste es el mundo de Sara Muñoz, un universo vertiginoso donde el lector experimenta los enigmas del cuento; historias que a veces nos recuerdan a Kafka y otras nos llevan al sin sentido de nuestra cotidianeidad, donde puede ser imposible conseguir un litro de gasolina.