Clarissa Kneeland o la persistente memoria de la utopía
o la persistente memoria de la utopía
Doble origen y las jambas de la puerta
La doble búsqueda del origen por parte de un mismo individuo se debe, aquí, a su conciencia de tal duplicidad. Rafael Kimsey Vega necesita conocer la génesis de Los Mochis, Sinaloa, su lugar de nacimiento, a la vez que conocer la suya propia. En cierto modo, lo intuye, las dos son la misma o, mejor, estos dos caminos para conocer el origen son dos modalidades de la misma búsqueda a que él se obliga, por cuanto tales orígenes diversos son, bien a bien, uno y el mismo.
CLarissa Kneeland o la persistente memoria de la utopía se desarrolla en un segundo nivel de narración, al que se pasa luego de un prólogo denominado “Capítulo I… comienzo”, y del que se sale hacia un último “Capítulo I… continuación y epílogo” los que ocurren en el aún no muy lejano año de 1953. Así pues, tales fragmentos son las jambas de una puerta por la que entramos, en faulkneriano viaje de carreta de mulas, a una historia que más adelante habrá de fragmentarse en averiguaciones y recuerdos del personaje, desde la llegada de aquella familia (una de las colonizadoras) a la ciudad, a finales del siglo diecinueve, hasta su propia participación negativa en un momento crucial en la lucha política de Los Mochis, apenas a once años de la promulgación de la Constitución política del país, ya para entonces flagrantemente violada por ciertos empresarios de “la fábrica”.
Tardíamente, en el tercer capítulo, pero todavía como una resignada advertencia, el novelista nos anuncia que tenemos en las manos un “libro-tesis”. Sabemos entonces que es alta la probabilidad de lo panfletario en el resto del volumen (de la que el autor sale bien librado dada la autenticidad con que trata el tema), y entonces lo que nos mueve a continuar la lectura es dicho desplante, la audacia con que se asume un género hoy “superado” y al que el propio novelista otorga la categoría de modalidad funcional ele la narrativa contemporánea.
La frecuente aparición de localismos no impide que en cierto momento se manifieste alguna referencia a la poesía de los siglos de oro, pues tales son los extremos culturales que sirven de base, según el libro, tanto a la personalidad de Rafael Kimsey Vega como a la urbanidad de Los Mochis, Sinaloa, México.
Andrés González Pagés