Me quiebro, pero no me doblo
Uniendo con sutileza lo privado y lo íntimo con lo público y lo político, esta obra ofrece una mirada cercana a la figura de Melchor Ocampo; a las pasiones y los intereses del abogado michoacano que se reflejan en cuestiones como su gusto por la botánica, la incansable búsqueda por sus padres biológicos, su formación académica y eclesiástica y cómo éstas influyeron en su carrera y pensamiento político. A lo largo de la novela, Orlando Ortiz entrega su gentil y acuciosa pluma —que toma tanto de lo comprobable y propio de la investigación histórica (epístolas, documentos y memorias) como del pacto ficcional— para recrear una imagen más humana y, además, retratar la realidad mexicana y las problemáticas sociales y políticas una época fundamental para la historia del México independiente.