Morelos en la virreinal Antequera
La figura del Generalísimo Morelos fue trágica, elocuente y generosa. Él no nació bajo las estrellas que cobijan y dan luz, las más de ellas, a notables personajes; pero su carácter lo impregnó del coraje que necesitaban los tiempos para luchar con denuedo por lo que consideró legítimo, forzoso y benéfico; él no buscó el laurel con que se ciñen las sienes los hombres de la historia, él se enfrentó con el fulgor de la mañana a los que consideró intrusos o villanos; él no tocó esquilas ni carillón alguno, pero mortificó su espíritu penando por atajos y los mil vericuetos que inciertos encontró a su paso. Con el rostro emocionado y con resecos labios convocó al hermano, para juntos desgranar la mazorca que, como endurecida roca, estaba en manos del impropio hispano.
Antequera penó por su presencia, y aún rasgadas sus añejas costumbres no le guardó rencores; fueron cuarenta y cinco días que aciagos no pueden quedar en la penumbra, porque es lícito y benevolente recordar su estancia para ubicar en la balanza los malos y los buenos oficios que conlleva todo enfrentamiento; quizá tuvo sus excesos, no muchos generosos, pero al conformar el primer H. Ayuntamiento Libre y Soberano esculpió de antemano, con metálico cincel, el broquel con que lo registra el numen de Oaxaca.