El rostro que habitamos
Desde una mirada que no elude registrar la belleza del ho-
rror —esa paradoja tan posmoderna—, Miguel Meza bus-
ca desentrañar en este libro la poética del sentido de una
identidad ciudadana en proceso de construcción. Al trazar
la geografía espiritual de una ciudad, El rostro que habitamos
sondea los vaivenes rítmicos de los habitantes y su entorno,
indaga en su intimidad cotidiana, dolorosa y festiva a la vez,
y delinea algunas formas de ser ciudadano de un espacio
emergente, móvil, vivo, complejo.
Desde esta perspectiva, este poemario no solo busca cantar
ese ser —desde una experiencia verbal de notable riqueza
connotativa—, sino que logra contar una vivencia selectiva
y al mismo tiempo abarcadora del Cancún contemporáneo.
El libro es, pues, una fenomenología de un estar en un es-
pacio, donde el verso proyecta una poética del habitar en una
ciudad global, multicultural y caótica como la nuestra.
Al desmarcarse de su anterior lirismo —sin renunciar a él,
asimilándolo a su nueva propuesta: más discursiva, menos
barroca, enfatizando la intensidad emotivo-conceptual—,
Miguel Ángel Meza consigue con El rostro que habitamos
actualizar su carta poética de residencia en el Quintana Roo
donde vive desde hace cuarenta años, y se coloca en el ángu-
lo generacional —a manera de bisagra— entre los poetas
con trayectoria en la entidad (ubicados en la zona sur) y las
nuevas voces emergentes.