Enamoradizo
La omnisciencia de la segunda persona sería desbordada e incómoda si no le pusieras límites cautelosos a la primera, como un recurso de recato necesario en la narración de un asunto tan íntimo que frecuentemente se evade, se niega u oculta por temor al choteo o a la suspicacia respecto al riesgo de caer en una forma indefinida de minusvalía existencial mental y física masculina.
Por culpa de una próstata.
Gracias a la presencia del otro yo, el personaje -asistido por los recursos generosos de la no ficción- puede expresarse de manera congruente, sin recurrir a las estridencias provocadas por el dolor, la nostalgia, el miedo a la impotencia de la muerte.