El Pato Félix
Llegó la ley cabrones
Esta es la historia de Félix, mejor conocido como El Pato, un hombre marcado por la calle, por la pobreza, por la violencia… pero también por una inteligencia aguda, una lengua filosa, y una capacidad casi milagrosa para reponerse de cada golpe que la vida le dio. Supe de él no por lo que decía la gente —que siempre murmura o inventa—, sino por sus propias palabras, por su modo descarnado de contar su vida, sin adornos, sin excusas, sin pedir perdón. Él me la contó, sí, como quien lanza piedras al río para ver si todavía hay eco, para saber si alguien más allá del silencio le estaba escuchando.
“El Pato Félix” no es un santo, ni pretende serlo. Fue muchas cosas: niño abandonado, adolescente bravucón, amante hambriento, preso reincidente, filósofo de cantina, profeta del baldío. Caminó por la orilla de todo: de la ley, del amor, del respeto, de la locura. A veces cayó, a veces empujó a otros. Y, sin embargo, nunca dejó de ser humano. Por eso merece ser leído, no como ejemplo, sino como espejo. Hay algo de todos nosotros en él, por más que lo neguemos: rabia contenida, heridas mal cerradas, ganas de volar aun con las alas rotas.
Esta novela está escrita desde su voz, con sus palabras, sus contradicciones, su humor negro y su verdad a quemarropa. No es una biografía fiel, ni falta que hace. Es una reconstrucción literaria de un alma en pena que pide ser escuchada, no por lástima, sino por justicia. Es también un homenaje a los invisibles, a los desechados, a los que no caben en los discursos bonitos ni en las estadísticas oficiales.
Si el lector se atreve a caminar a su lado, descubrirá no solo los bajos fondos de un mundo que no perdona, sino también los laberintos de un hombre que buscó afecto donde solo había fuego, y que supo reír incluso cuando le arrancaron un dedo. Porque El Pato Félix fue eso: un sobreviviente, un testigo, un grito. Y quizá, en el fondo, un niño que solo quería ser amado.
Aquí está su historia. Que cada uno la reciba como le venga en gana, pero que no diga que no fue advertido.