Un bosque rodeado de árboles
Desde que la oí la primera vez me impresionó la historia de Hansel y Gretel, los dos niños que su padre abandona en el bosque porque no puede mantenerlos. Gretel sospecha la intención del padre y mientras caminan hacia el bosque va tirando unas migajas de pan que le servirán para encontrar el camino de regreso. Pero no tomó en cuenta algo crucial: los pájaros. Estos, al ver las migajas, bajan de los árboles para comérselas. Ese momento siempre me pareció una de las mejores escenas de terror de toda la literatura. Quise revivirla reescribiendo yo mismo la historia de los dos niños, pero sentía que me faltaba algo desde dónde empezar, hasta que descubrí aquello que todos los narradores de la historia de Hansel y Gretel se han callado: el padre que lleva a sus hijos muy lejos en el bosque para que se pierdan, él mismo, después de abandonarlos, se pierde. ¿Lo hizo en el fondo a propósito, para encontrarlos? Si lo hizo así, el bosque no perdona, sobre todo si es un bosque como el de esta historia: un bosque denso, interminable, un bosque rodeado de árboles.