Todo fue bonito y nada dolió
Travis Smith es la muerte en el mundo moderno. Viste jeans y playera y vive en una ciudad pequeña y gris. Se dedica a brindar consuelo a las personas en sus últimos días y horas. Es estoico, amable y algo ingenuo, a pesar de lo que sabe. Es joven y atractivo, a pesar de quien es. Cada muerte en la que está presente significa algo para él: escucha, nunca juzga y, sobre todo, jamás intenta cambiar el destino de nadie. Sabe que toda vida debe terminar en algún momento para mantener el equilibrio del universo y respeta el ciclo. Entonces conoce a Dalia, una partera que vive en el apartamento de enfrente con su bulliciosa hija Layla.
Cuanto más se encariñan Dalia y Layla con Travis, más difícil le resulta a este mantener la distancia que le ha permitido funcionar durante tanto tiempo. Los momentos pasados con madre e hija le enseñan lo que de verdad importa en la vida y se pierde irremisiblemente con la muerte.