La que se murió de amor
La narradora, Felisa, una mujer de la época actual —basada en la autora—, investiga y relata la historia de su tía Isabel, una mujer que vivió en la primera mitad del siglo XX (1924-1943, para ser precisos). Mediante cartas y otros documentos, Felisa va descubriendo la historia de una mujer joven que fue apartada del joven al que amaba y que murió, según el acta de defunción, de “anemia perniciosa”. Mientras lidia, en el presente, con cuestiones acerca de la validez de revelar la historia de Isabel, Felisa se ve obligada a confrontar la realidad del abuso contra las mujeres en el pasado. El examen de las evidencias deja más dudas que certezas y Felisa se pregunta qué habrá atrás del escueto dictamen y de los muchos secretos que se guardan en la familia. ¿Es verdad que Isabel murió de anemia? ¿Podría haber muerto de una leucemia no diagnosticada? ¿De anorexia? Se sabe que padecía de epilepsia. ¿Era realmente Pancho, el novio que aparece en las cartas, el único interés romántico de Isabel? Al mismo tiempo que Felisa investiga, ve estallar uno más de los habituales escándalos en línea y cómo hace crecer las respuestas tóxicas, violentas, de muchos hombres. Tras un enfrentamiento inesperado, fuera de línea, con un “activista” misógino, la narradora se decide a contar todo lo que ha averiguado.