La pérdida de los sentidos
En la época tardía de su vida, Iván Illich develó las claves místico-teológicas que están en el origen de su crítica a la modernidad y sus instituciones: la corrupción de la caridad traída por el Evangelio cuyo fundamento está en la Encarnación.
Para Illich, la Encarnación, el acto por el que Dios se hizo carne, no es, como suele pensarse, la consecuencia de un plan divino, necesario y predeterminado, sino un acto de amor, libre y gratuito, que respondía a un llamado que Illich ilustró con la parábola de “El buen samaritano”.
A partir de que la Iglesia adquirió estatus oficial dentro del Imperio Romano e institucionalizó ese nuevo género de amor, la experiencia de la Encarnación se fue corrompiendo y con ella el amor. La personal libertad de elegir quién es mi otro, que ilustra la parábola del samaritano, además de transformarse en el uso del poder y el dinero para crear instituciones que suministran servicios --que más tarde, con la secularización, el industrialismo y el Estado moderno se convirtieron en mercancías y necesidades imposibles de satisfacer--, alteró nuestras percepciones sometiéndolas a controles cada vez más sofisticados y perversos en su aparente bondad que nos desencarnan de nuestras relaciones con el prójimo y el mundo.
Desde Alternativas (1970) hasta los ensayos de En el espejo del pasado (1990), toda la crítica histórico-filosófica de Illich a la modernidad y sus instituciones de servicio parte de esa intuición de la que sólo dio cuenta hacia el final de su vida. Una frase de San Jerónimo, que solía citar, lo resume: coruptio optimi pessima est (la corrupción de lo mejor es lo peor)
La pérdida de los sentidos no sólo alude en su título a esa corrupción; en las 18 conferencias que lo conforman y que impartió a lo largo de las décadas de 1980 y 1990, Illich revisita con una mirada más fina y penetrante muchos de los temas que desarrolló en aquellas obras –la medicina, el transporte, la educación, el alfabeto, los servicios– y agrega otros como la mirada, el oído, las experiencias sensoriales y los sistemas de la era digital.
La pérdida de los sentidos, es así un profundo ejercicio histórico filosófico de los procesos y cambios que, a partir de la institucionalización de la caridad, nos han ido despojando de nuestros sentidos y de nuestras relaciones más libres y cercanas con nuestros prójimos. Leerlo ilumina en más de un sentido el origen y la profundidad de la crisis por la que hoy atraviesa el mundo.