La Güera de Valleseco
Si pudiera decir que fue una ensoñación, lo afirmaría.
Pero no estoy en condiciones de inventar algo que no fue, sino de pretender descifrar cómo es que caí en esa especie de contratiempo y, sobre todo, de comprender por cuánto tiempo fui «retenido» por este pueblo al que, años después, volví… sin poder encontrarlo.
Mi experiencia en Valleseco comenzó desde mi entrada a la fonda. Aquel día de otoño de 1984, mi realidad se vio desbaratada desde el instante en que apareció Dinorah para tomarnos la orden.