La muerte vestida de color naranja y con silbato
Cuerpos trece
¿Qué pueden hacer los cuerpos ante la muerte? Max Rojas sugiere palparse las formas hasta que la lógica, el tiempo y el sentido se muevan en espiral, para descubrir los pliegues del antimundo y cantar romanzas entre crujidos de osamentas preñadas de melancolía.
El poeta propone un recuento del circo, las paradojas y los velorios de la humana bestia, que carga a cuestas el fractal irónico de la nada y el caparazón tierno del infinito. Atraviesa la grisura de lo que es y no es, con su libertad ambigua. Impregna la lengua de lo que se diluye minúsculo terrenal o se despliega en fantasmal absoluto. Provee versos de hondo aliento que acompañan con su mordisca amezcalada los ritos de la serpiente y los astros.
La sospecha y el asombro acompañan el ritmo de esta obra, habitada por una poética de antítesis, oscurecida y resplandeciente, donde saber es una forma suave de oír que tañen las campanas llamando a los difuntos. Aquí, toda espina produce distorsión erótica, entre el vuelo carroñero de los cuervos sobre los ojos albos de memoria, mientras los cuerpos llegan vibrantes de alegría y ruidando sus silbatos color naranja.
Pamela González