La ecuación de dios
Michio Kaku tenía ocho años el día que murió Albert Einstein. La imagen de la noticia en el periódico le causó un gran impacto; se trataba de una fotografía del escritorio del físico donde había una libreta abierta. En ella, un problema en el que había estado trabajando durante mucho tiempo y que jamás fue capaz de resolver. ¿Qué cuestión no había podido responder una de las mentes más brillantes de nuestros tiempos? Años más tarde, ya convertido en físico teórico, Kaku supo que Einstein trataba de explicar cómo operaban las distintas fuerzas del universo, una incógnita que el propio autor también se cuestiona y plantea más allá: ¿y si algún día logramos ver que aquellas fuerzas del universo que parecen separadas están, en realidad, unidas de alguna manera? Cuando Newton descubrió la ley de la gravedad, unificó las reglas que gobiernan los cielos y la Tierra. Desde entonces, los físicos han puesto todos sus esfuerzos en desarrollar teorías cada vez más grandilocuentes para explicar aquello que Einstein no llegó a averiguar.